La mariposa y la piraña por Chiqui Lamboy

“En la selva del Amazonas, en lo más recóndito; en las entrañas de aquél lugar paradisíaco, había un caudaloso lago natural que albergaba un gran abanico de seres y vida submarina.

Laura, una hermosa mariposa que apenas había salido de su crisálida, revoloteaba caprichosamente de flor en flor y de roca en roca, descubriendo las maravillas de aquél lugar.

En el silencio de este paraíso escondido, de pronto se escuchó una voz que le dijo: “Ven, acércate a mi; posa tus alas sobre mi, para que descanses y encuentres compañía. Te encantará conocerme. Seré tu mejor amiga”.

Laura dirigió su mirada al lago, lugar de donde procedía la voz, percatándose que aquella voz que le brindaba sensaciones nuevas, correspondía a la de una piraña que coquetamente le pestañeaba con ojos pícaros llenos de una aparente ternura que subyugó a nuestra hermosa damisela.

La primera reacción de Laura fue acercarse con un poco de recelo. La mirada de Piraña la atraía y, sobre todo, lo que le ofrecía. Lo que no sabía Laura, era que detrás de aquella mirada coqueta y amigable, se escondía una agenda siniestra: robar sus alas, destruír su alegría y acabarla de un zarpazo.

“Ven acércate, confía en mi. Te voy a ayudar a ser la estrella de esta selva. Una vez me conozcas, la magia no terminará; te haré sentir querida, importante. Te daré lo que nadie nunca te podrá dar”.

Mientras esta conversación se llevaba a cabo, dos saltamontes que brincaban de lado a lado, vieron el peligro inminente que corría Laura. “Amiguita, no le creas. Detrás de esa tierna mirada hay angustia, desolación y muerte. Busca dentro de ti la mejor compañía y la amiga verdadera. Conéctate contigo misma”.

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Otras voces comenzaron a escucharse por toda la ribera del lago: “Aléjate”, “Cuidado”, ” No confíes”, “Deténte”, “Vuélvete atrás”, “Sigue tu camino”.

Confundida con tantas voces, Laura no sabía que hacer: “¿En quién confío? ¿A quién le creo?”. De pronto, un rayo de luz se abrió entre las ramas de un frondoso eucalipto.

La cara de Laura fue el lugar donde esa luz se depositó. Nuestra hermosa amiguita quedó deslumbrada por sus rayos. No hubo palabras entre ellas dos; quizás ni la una ni la otra pudieron definir sus facciones. Sólo un sentimiento cálido, tierno y placentero las cobijó. Y, allí donde las palabras faltaron, hubo un enganche entre la mariposa y la luz, camino a un lugar donde los “hubiera”, el desánimo, el cansancio, la intranquilidad, la tristeza y el desamor no tienen cabida.

Jamás la mariposa supo quién realmente fue esa luz…no hizo falta; sólo la sintió y llenó su corazón de ella. Las voces no pudieron opacar los sentidos.

A la piraña sólo le quedó comerse su propio veneno y languideció…”

FIN

©Chiqui Lamboy -2015. Este cuento fue creado en el taller Transfórmate con la Escritura Creativa el pasado 27 de junio de 2015; texto y dibujo tienen derechos reservados, prohibido la reproducción sin previa autorización por escrito.

Para talleres, charlas y testimonios puede comunicarse a 787-295-1890 y dejar un mensaje de texto. Me puedes seguir en facebook.

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